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jueves, 8 de septiembre de 2016

El uso interdisciplinar de "El Principito" en el aula de Primaria - PARTE 1

AVISO: Esta colección de post puede contener spoiler de la obra referida.


El Principito, la famosa novela de Antonine de Saint-Exupéry, es capaz de atrapar tanto a adultos como a niños; a los primeros por evocar la infancia del lector al reflejar la inocencia y ternura del pequeño "Principito", y a los segundos por transportarles a un mundo de fantasía, en el que todo es posible, donde un "niño príncipe", que podría ser cualquiera de ellos, lleva al adulto hasta mundos desconocidos o, quizás, solo olvidada. 
Estas son algunas de las razones que, junto con su calidad literaria, hacen de esta obra un imprescindible en las bibliotecas de una escuela de Primaria.  Así, intentando explotar al máximo las posibilidades de esta pequeña gran novela es como surge esta colección de posts en los que mostraré las potencialidades para el trabajo indisciplinar con esta obra; pero seguro que algo se me escapará, así que me encantaría ver como vuestros comentarios van completando esta y las sucesivas entradas en el blog. 
Y ya, después de esta introducción... ¡empezamos!

I y II > ¡Cuidado profesor!

Estos primeros capítulos ponen en situación al maestro y le advierten de la responsabilidad de su trabajo.
Nos hablan de cómo unas palabras de "persona grande" pueden condicionar el futuro de nuestros alumnos
(las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes (...) y que me interesara (...) en la geografía, el cálculo, la historia y la gramática) en palabras que podrían haber sido sacadas de la crítica a casi cualquier currículo de Primaria, lo cual parece constante a lo largo de la obra.
Pero también nos enseñan que, a parte de trabajar con "futuros ciudadanos", "la sociedad del futuro"..., no debemos olvidar que trabajamos con ciudadanos de la sociedad presente, que son diferentes a una "persona grande" porque las personas grandes nunca comprenden nada (...) y es agotador para los niños tener que darles (...) explicaciones. Lo cual debemos tener en cuenta no sólo como maestros, sino también como adultos; el niño "bueno" no es el que se comporta como un adulto, es el que lo hace como un niño, a pesar de que eso a veces no cuadre en nuestros planes. Por supuesto hay que enseñarles unas normas (como ya hemos dicho, viven en la sociedad del presente, con unas normas), pero igual que ellos han de hacer un esfuerzo por adaptarse a sus compañeros, los adultos (no le hablaba ni de serpientes ni de boas (...). Me ponía a su altura), nosotros también debemos hacerlo por adaptarnos a los niños. Serán los adultos del mañana, los ciudadanos del futuro; pero no debemos olvidar que, ahora, son los niños del presente, capaces de muchas cosas de las cuales el adulto no lo es, aprovechémoslo para aprender nosotros también de ellos, y abramos un canal de comunicación bidireccional que nos haga sentirnos cómodos a todos en el que ellos puedan hablar de boas y nosotros de sombreros; porque para aprender hay que entender y, para entender, es imprescindible escuchar (en el sentido de la atención y el análisis de la información).

IV > Educación en valores: prejuicios

Por un lado, este capítulo vuelve a darnos un toque de atención sobre la necesidad del adulto de abrir su mente y pensar de forma divergente para llegar al "razonamiento emocional" de los niños y poder descubrir lo importante que una rosa que tiene espinas sin motivo alguno... que es lo que al maestro le permite conectar con el alumno y trabajar como un verdadero apoyo en su zona de desarrollo próximo, ya que en lo importante es donde reside el interés.
Por el otro nos presenta un escenario perfecto con el que introducir algo de educación en valores como es la injusticia que acompaña a los prejuicios:
El astrónomo hizo, entonces, una demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó por culpa de su vestido.
A los ojos casi de cualquier persona, esto es injusto. A los de un niño, también. Pero esto no significa que no sea una situación frecuente; por ello debemos trabajarlo con los alumnos, enseñarles que, los juicios, están ahí y son útiles y necesarios, pero debemos aprender a diferenciarlos de un prejuicio aquel que, disfrazado de juicio, nos hace rechazar conocimiento, personas, experiencias, emociones... En relación a ello os dejo el siguiente experimento hecho con adultos y que trabaja los prejuicios de cara a las personas, pero no podemos olvidar la importancia de trabajarlos en otros ámbitos como también son las olvidadas emociones, lo cual resultará crucial para el desarrollo de la inteligencia intrapersonal que les permite conocerse a ellos mismos como individuos. 

Finalmente, no puedo dejar este capítulo sin dedicar una línea a las cifras. Como unas pocas palabras, el autor consigue mostrarnos el absurdo de obcecarse en los datos, en los resultados, sin dar importancia al proceso, a la emoción o, más concretamente, la felicidad y la estética del "ser y estar", en definitiva, los beneficios de premiar el "viajar" en virtud del "llegar".

Continuará...

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